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lunes, 6 de febrero de 2012

Túpac Amaru: el alzamiento contra las injusticias sobre el pueblo inca. Segunda y última parte

Segunda y última parte del artículo Túpac Amaru: el alzamiento contra las injusticias sobre el pueblo inca Resumen extraido de la obra Túpac Amaru el cacique inca que rebeló a los Andes. Alfredo Moreno Cebrián- Biblioteca Iberoamericana. (haga click aquí para ver la primera parte del artículo)




José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru


José Gabriel Condorcanqui nació en la muy pequeña aldea de Santa Bárbara de Surimana, en la provincia de Tinta, dentro de la jurisdicción del Obispado de Cuco. El año de su nacimiento  ha presentado  siempre algunas dudas, situándose por algunos entre los años 1738 y 1742.

Sus padres fueron el cacique quechua Miguel Condorcanqui del Camino, gobernador de Surimana, Tungasuca y Pampamarca, y doña Rosa Noguera Valenzuela, mestiza.

A la vuelta de sus estudios , y ya cacique, retomó el negocio de su padre- transporte de mercaderías-, sirviéndose para ello de animales de carga usuales en esta accidentada geografía: mulas y llamas, de las que poseía hasta varios centenares. Su faceta de hombre vinculado al comercio y su empresa de arrieraje permitirá catalogarlo como hombre respetado por su posición adinerada, que ponía a su servicio un capital medio y una serie de peones. No cabe duda tampoco de que su profesión le abrió un amplio abanico de contactos personales y, lo que resulta más revelador, le permitió ir apreciando sobre el terreno la penuria que padecían los indígenas y vislumbrar visos de reforma para aquellas instituciones cuya finalidad inicial había sido el procurar el alivio de los naturales y nunca cargar sobre sus espaldas trabajos y sufrimientos que habian hecho imposible la convivencia e irrespirable el ambiente colonial.

En tanto que empresario dinámico, y conocedor, como demostraría después, de los entresijos de la economia colonial, Túpac Amaru no... (hacer click abajo en leer más para seguir viendo el artículo)
desdeñó la posibilidad de ampliar su esfera de actividades hacia la explotación minera- era propietario de pequeñas minas-, la ferrería- poseía una pequeña fundición de tinta- y hacía las labores agrícola, ya que tenía algunos cocales.


Túpac Amaru I reconocido como el último mandatario inca, fue fuente de inspiración de Condorcanqui. De él recuperó el apellido familiar.






 La ascendencia de José Gabriel se remonta al siglo XVI, en el que el último inca sucesor del Perú fue don Felipe Túpac Amaru, descendiente de Manco Inca y Huayna Cápac, del que únicamente sobrevivió un hijo, don Blas. Él recibió las tierras de Surimana en calidad de legítimo cacique de esa comarca y heredero de los bienes de su madre, doña Juana Pilcohuaco. Uno de sus vástagos, don Sebastián Túpac Amaru, casóse con doña Catalina de Camino, heredando los derechos de su hijo Miguel, que, casado con doña Rosa Noguera, tuvo dos hijos. El mayor, Clemente, que falleció, y nuestro personaje, José Gabriel, confirmado asi como cacique de Surimana, Pampamarca y Tungasuca, por ser hijo legítimo de don Miguel, nieto de don Sebastián, viznieto de don Blas Túpac Amaru y tercer nieto de don Diego Felipe Condorcanqui y de doña Juana Pilcohuaco, hija del último inca don Felipe Túpac Amaru.

No cabe así duda que este cacique quechua no había olvidado el orgullo que le producía usar  legítimamente su apellido Túpac Amaru, crisol de una casta real que se había enfrentado a la invasión europea. Su actitud, casi vanidosa, se completaba con todas las características propias de la llamada aristocracia indígena, destacando poderosamente la visión paternalista de los inferiores que le hace declarar ante sus verdugos momentos antes de morir y en la línea de una concepción "protectora de un heredero de reyes y emperadores", que "la mía es la única que ha quedado de la sangre de los incas, reyes de este Reyno. Esto me ha estimulado a procurar por todos los medios posibles que cesen en él todas las abusivas improducciones"; o, como reconoce Boleslao Lewin, que "al ver a sus paisanos acongojados, maltratados, perseguidos, se creyó en la obligación de defenderlos para ver si los sacaba de la opresión en que estaban".

Lo preclaro de su linaje hizo que los indios del común se sintiesen identificados con su persona, de tal forma que su carisma hizo exclamar a quienes vivieron de cerca su apresamiento, condena y muerte, que "ni al Rey ni al Estado conviene que quede semilla o raza de este y todo Túpac Amaru, por el mucho ruido e impresión qu eete maldirto Nombre ha hecho en los naturales"

La figura del corregidor aparece como objetivo principal de todas las iras y de los descontentos; ocurre así incluso en revueltas por concesión ilegítima de cacicazgos, por deficiencias en la recluta de mitayos, o por las condiciones laborales de los obrajes.

Estatua de Túpac Amaru en Cuzco

Túpac Amaru apresó al corregidor Arriaga y lo condujo preso a Tungasuca. El por qué centró el complot contra el corregidor Arriaga, no parece que requiera explicación, pues queda claro que estos magistrados eran el centro contra el que se disparaban las flechas del descontento indígena, y Túpac Amaru conocedor de este hecho, no encontró mejor fórmula simbólica para atraerse a los indios que el castigo ejemplar a uno de ellos, lo que sirvió como banderín de enganche para su empresa revolucionaria. Arriaga es muerto en la horca, el 10 de noviembre, en ejecución pública y ejemplar. Así, espectacularmente, consiguió Túpac Amaru su primer golpe de efecto, que completó en la misma plaza de Tungasuca con una arenga en la que declaraba una lucha a muerte contra la mita, los obrajes y los repartimentos, descargando en los corregidores las culpas de cuanto malo sucedía en Perú.

La suma espontánea de gentes a la sublevación fue rápida y cuantiosa; el cacique dispuesto a aprovechar su éxito inicial, emprendió camino al valle del Vilcamayo. La noticia de que esta manifestación armada del descontento indígena desbordaba con creces las pequeñas revueltas locales anteriores llenó de desasosiego al Cuzco, que dispuso inmediatamente la celebración de una junta de guerra.

Al margen de las consideraciones humanitarias que una toma violenta de la ciudad de Cuzco hubiera significado y que pudieron no tener en cuenta los sublevados, existen muchas versiones que intentan explicar por qué Túpac Amaru no atacó Cuzco en un momento muy ventajoso en que hubiera conseguido el dominio de la sierra. Se ha interpretado que no quiso ofrecer una oportunidad de saqueo y de descontrol a sus hombres cuando dentro estaban muchos criollos que habían manifestado simpatía por la causa y que veían afectado su patrimonio.

Esperaba para mejor momento la toma de la ciudad, siempre que partiera de dentro la rendición y así ganaba tiempo para reforzar su ejército en cantidad y calidad. Lo primero lo consiguió viendo crecer sus huestes de 6.000 hombres a 60.000. Lo segundo era más difícil: los realistas consideraban acertadamente a los tupacamaristas como un conjunto de fuerzas "nada temibles respecto de las nuestras, y sus armas son sólo ondas y garrotes y tan pocas escopetas que no llegan a veinte útiles entre toda su gente".

Al mismo tiempo, Túpac Amaru se las ingenió para conseguir un fructífero añadido de adhesiones en Moquehua, Tacna, Arica y Arequipa, propagando sus ideas de las actuales Bolivia, Chile y Argentina. Sin embargo algo ya había conseguido el levantamiento general de indios, pues el Cabildo de Cuzco, amedrentado por esta sublevación y puesta su mirada en las reivindicaciones que la impulsaban, extinguió el reparto de mercancías por mano de los corregidores, así como el impuesto a la alcabala, al tiempo que emitía un bado declarando la no obligatoriedad del trabajo de los indios en los obrajes si permanecían fieles a la Corona.

Un Túpac Amaru conciliador escribe al visitador Areche justificando su levantamiento como único modo de acabar con la corrupción que la mita, los obrajes y los repartimentos venían produciendo en Perú, explicando cómo había adoptado esta resolución ante la imposibilidad manifiesta de alcanzar la cohonestación de abusos por los medios ordinarios. Le invitaba a deponer las armas para acometer la erradicación de los mismos, evitando así un mayor derramamiento de sangre. La respuesta del visitador, dura y sin posibilidad de diálogo, cerró la puerta a cualquier posible acuerdo con quien Areche consideraba reo de alta traición.

La sublevación general de indios comandada por Túpac Amaru llegaba a su fin; a mediados de marzo de 1781, casi 20.000 hombres, al mando del mariscal de campo José Del Valle, salían de Cuzco para aplastar los reductos del conspirador, cuya vanguardia quedó deshecha el 22 de marzo en Cotabamba.


La familia de Túpac es apresada junto a él y son conducidos de regreso a Cuzco donde serán ajusticiados. La escena, recreada por el pintor Díaz Mori expresa el inicio del tormento.



El postrer intento que hizo Túpac Amaru en Langui, aldea situada a seis leguas de Combapata, minadas ya en su moral y muy dispersas sus huestes, resultó inútil. Acompañado de su mujer y de sus tres hijos, derrotados y muertos sus mejores hombres, no faltó un traidor, Ventura Landaeta, que , en compañía del cura del lugar, precipitó su suerte entregándolo a los españoles.

El 6 de abril de 1781 el mariscal español colgó en Tinta, como castigo ejemplar, a 67 indios, cuyas cabezas hizo cortar y clavar a lo largo de los caminos, como aviso a los que aún resistiesen. Túpac Amaru, Micaela Bastidas su mujer; sus hijos Hipòlito y Fernando, así como su tío Francisco, su cuñado Antonio,su primo Patricio Noguera y 30 individuos más, acusados de estar directamente involucrados en la rebelión, fueron conducidos a Cuzco, donde llegaron el 14 de abril. Habían escapado milagrosamente su hijo Mariano, su primo Diego y su sobrino Andrés.

Un mes aproximadamente durarían las pesquisas e interrogatorios a que fueron sometidos los reos, a cargo del oidor Benito de La Mata Linares, sustanciador de las causas. Del interrogatorio a que fue sometido el rebelde José Gabriel Túpac Amaru se pueden entresacar rasgos de su entereza, aun sometido a tormentos tan duros.

La condena fue pena capital para José Gabriel, su mujer y sus hijos, con todo el ritual que el ejemplarizante castigo demandaba, se le condenaba a que "fuese sacado a la plaza principal y pública arrastrado hasta el lugar del suplicio, donde presencie la ejecución de la sentencia su mujer Micaela, a sus dos hijos Hipólito y Fernando, a su tío Francisco, a su cuñado Antonio... y a algunos de sus principales capitanes y auxiliares.

En la plaza mayor de Cuzco, sobre las doce de la mañana de ese 18 de marzo de 1781, se puso a prueba la fortaleza física del último inca. Atadas las extremidades a cuatro caballos que tiraban con fuerza, la tortura no llegó a desmembrar el cuerpo de Túpac Amaru fue necesario decapitarlo. Después se condujo el cuerpo debajo de la horca donde se le sacaron los brazos y los pies.

Tras este deplorable y cruel espectáculo, la cabeza de Túpac Amaru fue mandada a Tinta y colocada en la horca tres días, más otros tres en una de las principales entradas al pueblo.

Túpac Amaru muestra las heridas del tormento que le infligieron sus captores. Los espíritus de sus antepasados vuelan liberados hacia la deidad máxima, que es el Sol, mientras el conquistador español perece.


Desde el inicio de la rebelión el cacique lanzó la proclama de la lucha contra el "yugo común", soportado de diferente forma por los sectores de la sociedad andina y que facilitaba la alianza entre ellos. La crítica al sistema fiscal español iniciada por el líder fue el eslabón de unión a través del que éste quiso integrar y hacer partícipe de su revolución a los blancos. La voluntad integradora que impregna el programa político y las acciones de Túpac Amaru van más allá de un deseo de hermandad entre los andinos,indios, mestizos o blancos.  En una ocasión se dirige a sus conciudadanos llamándoles compatriotas y engloba tanto a indios, mestizos y blancos como a negros y zambos. Tal planteamiento marca la amplitud de miras y objetivos de un movimiento que no se queda sólo en lo indígena.









Un Túpac Amaru de larguísimos cabellos y de rasgos determinados por la estética muralista callejera





El inti, la moneda peruana actual, muestra la efigie de Túpac Amaru (arriba), cuya pervivencia se deja sentir en la vida nacional y privada (izquierda)







Túpac Amaru enarbola la bandera de los andino-americanos, basándose en el derecho de pertenencia a la misma tierra, factor de unión entre las razas y armas de lucha contra la explotación española, argumentos de reivindicación y lucha política revolucionaria. El carácter precursor de su gesta la convierte en el primero de los movimientos independentistas de la América española.

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