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jueves, 2 de febrero de 2012

Túpac Amaru: el alzamiento en contra de las injusticias sobre el pueblo inca

Primera parte de la historia de la conquista del Imperio Incaico (haga click aquí si quiere ver la segunda y última parte), la situación en que se encontraba el pueblo luego de la imposición de las leyes del Virreinato español: la explotación depredatoria de la tierra y también de su gente. Se preparaba lo que sería la revolución de Tupac Amaru. Un resumen extraido de la interesantísima obra titulada Túpac Amaru, el cacique inca que rebeló los Andes. De Alfredo Moreno Cebrián. Biblioteca Iberoamericana.


José Gabriel Condorcanqui Noguera, hijo de un cacique y de una mestiza, tomó el nombre de sus antecesores, Túpac Amaru y encabezó un alzamiento en contra de los corregidores, la mita y los obrajes del virreinato del Perú a fines del siglo XVIII

Cuando hablamos del Perú del siglo XVIII es necesario aclarar que nos estamos refiriendo a un vasto territorio que, visto sobre un mapa actual, no coincide con la República del Perú, cuyas fronteras se definieron en el último tercio del siglo XVIII.

Para mejor situar los acontecimientos de 1780 diremos que tanto ayer como hoy, cabe reconocer en Perú una muy amplia gama de paisajes: zonas de costa, de sierra y de montaña o selva.

Va a ser precisamente en la sierra, asentamiento ya definido como clásico para el elemento autóctono, donde se van a desarrollar, con centro en la tradicional capital del imperio incaico, Cuzco, los graves acontecimientos que se gestaron en el último tercio del siglo XVIII. Dichos acontecimientos convulsionaron a Perú e hicieron temer, seria y objetivamente, a las autoridades metropolitanas y virreinales la pérdida del siempre poderoso y rico "Reino de Birú".
La población del Virreinato era, en terminos generales, sin incluir a los indígenas no reducidos, aproximadamente de 1.300.000 habitantes, cuya distribución se repartía entre "gente blanca" o española, que incluye tanto a los españoles peninsulares- los llamados "chapetones"- como a los criollos, españoles americanos cuyo número era incomparablemente mayor que el de los peninsulares.

Junto a ellos estarían, como mayor núcleo de población, los indígenas, quechuas y aimaras, inferiores en número, porcentualmente hablando, a los mestizos, quienes junto a los negros, mulatos y zambos, componen una complicada estructura racial y demográfica. (Hacer click abajo en leer más para seguir leyendo el artículo)


La consolidación del Virreinato

El avance sobre el Perú, la útltima de las grandes conquistas españolas en América, cierra el período iniciado en 1492. Tras el sometimiento del Imperio Azteca por el capitán Hernán Cortés, se comenzaba a tener noticias de un supuesto reino de Pirú o Birú.  Con ello se inicia un nuevo capítulo en el descubrimiento del continente, que no adquiere forma definitiva hasta la exploración de Pizarro, que partiendo de Panamá en enero de 1531, inició una empresa que se vio favorecida por las discrepancias internas del Imperio Incaico. Dos facciones de éste luchaban por el poder político; nos referimos concretamente a la sublevación de Huáscar contra su hermano, el inca Atahualpa.

Tras la muerte de estos dos, sólo el sumo sacerdote del Sol, Vila Oma, se percató del grave peligro que los extranjeros blancos suponían para el Tawantinsuyu, y propuso a los dos bandos postergar sus rivalidades. Dicha propuesta no fue aceptada por éstos, ya que el bando legalista había elegido como sucesor legítimo a Manco Inca Yupanqui. El joven inca se alió con las huestes de Pizarro, quien, ayudado por él y por este clima de guerra civil entre linajes y la consiguiente sublevación de los pueblos contra la autoridad imperial, supo aprovechar la coyuntura, y entró en Cajamarca, luego en Cuzco, y finalizó con la fundación de Lima.

La continua rapiña llevada a cabo por los españoles alertó al Inca, quien en 1536 se levantó contra los usurpadores de su territorio. Comienza entonces un período que algunos autores han denominado guerra de reconquista del Perú inca, dentro de la que quedarían incluidos los levantamientos de Manco Inca Yupanqui (1536), Juan Santos Atahualpa (1742-1752) y Túpac Amaru (1780-1781)


La caída del Imperio Inca en el siglo XVI significó un cambio radical en la vida de los naturales debido a la nueva religión y al nuevo poder civil.

El apresamiento y ejecución del último inca, a finales de 1572 pusieron fin a la primera rebelión indígena contra el dominio español, la de Túpac Amaru I.
La organización político-administrativa del Virreinato del Perú fue obra del virrey Toledo, que puso las bases para el establecimiento de las audiencias, gobernaciones y corregimientos, así como los tributos y demás impuestos. La jurisdicción de este virreinato histórico, abarcaba todos los territorios conquistados en América del Sur, excepto la gobernación de Caracas, perteneciente al Virreinato de la Nueva España.
Una vez sometido todo el territorio, y tras ser declarados sus habitantes vasallos del Rey de Castilla, comenzaron los españoles la explotación de los recursos naturales y el sometimiento de los indígenas, que fueron declarados "rústicos y miserables" y acogidos a la protección legal.

El establecimiento de la llamada República de indios, que proveía de mano de obra en condiciones muy duras, y una República de españoles, cuyos miembros ocupaban el vértice de la pirámide social, refleja la nueva realidad instaurada en las tierras andinas.

Una de las instituciones creadas por los españoles fue la encomienda o repartimiento de indios, a través de la cual se organizó la vida económica y social de territorios conquistados. El reparto de indios y bajo su administración bajo un español, no sólo garantizó la recogida de tributos, a la vez que se obligaba al indio a prestar su fuerza de trabajo, sino que supuso también el desarrollo económico que aseguró el vasallaje del indígena a su nuevo señor.
Las reducciones o pueblos de indios tuvieron una finalidad económica y doctrinal. A través de éstas, los españoles aprovecharon la tradicional forma de trabajo indígena, de carácter colectivo, e intentaron la asimilación de los indios al sistema español.




Dar a los indios "en encomienda" significaba "encomendarlos" a un peninsular para que éste velara por su instrucción religiosa y se hiciera cargo de esos grupos. A cambio, obtenía de ellos toda su fuerza de trabajo,. Las mujeres no quedaban excentas de trabajar y participaban en todas las actividades. Algunas indígenas continúan en la actualidad el trabajo textil con telares de cintura, tal como refleja esta ilustración de la obra del siglo XVIII, Trujillo del Perú (arriba)

El mestizaje de los españoles con las indias fue diezmando progresivamente el potencial demográfico indigena, por cuanto los descendientes de estas uniones fueron retrayendo, y en forma cada vez más acelerada, la población originaria, castigada además, por las enfermedades introducidas por los europeos y por un sistema de producción intensiva y de explotación opuesto al imperante antes de la conquista.

La llegada de esclavos africanos complicó aun más el panorama, pues no sólo representó un grupo independiente de los españoles y los indios, sino que abrió nuevas posibilidades de mestizaje. La unión con los españoles engendró los mulatos y con los indios, los zambos. Luego vinieron las mezclas múltiples con mestizos, etc... lo que fue originando una enorme vaiedad étnica.

El clima de tensiones que habia a finales del siglo XVIII: el sistema minero, con el uso de la mita para forzar la recluta de mano de obra, usada a si mismo para los obrajes, en este caso para fuerza manufacturera, y , por último, el leonino sistema de reparto urdido por los corregidores de los indios.

El comercio forzado de los corregidores


El corregimiento,  calco de la institución castellana de su mismo nombre, pretendió poner en Perú personas rectas que, "por sus méritos", fuesen los encargados de recoger los tributos reales, comandar los ejércitos provinciales, y , sobre todo, ejercer con toda imparcialidad como magistrados de sus distritos en cuantos pleitos les fuesen presentados.

Constituían los repartos la terminal de un sector de corrupción que, iniciado en el Consejo de Indias con la venta de títulos, continuaba con prestamistas  que adelantaban, a un interés elevado, créditos a los recién nombrados para el pago de sus gastos y proseguía con los comerciantes peruanos que dejaban al recién llegado cuantos artículos les eran solicitados, a precios abusivos y a créditos.  Se montó toda una rueda de reparto forzado de mercancías y trabajo indígena para lograr el pago de lo distribuido, que desembocó en un círculo insoportable para los hombros de los indios.

El indio resultaba así oprimido por quienes habían sido ungidos con la balanza de la justicia, y esto lo sabía Túpac Amaru, porque su actividad de cacique y trajinero o transportista le había hecho ver cómo, por voluntad o a la fuerza, los caciques quedaban en este trágico círculo.


El término obrajes  englobaba pequeñas industrias manufactureras productoras de tejidos de lana y algodón, sogas de cáñamo, sombreros, objetos de loza y vidrio e incluso pólvora. Surgieron los obrajes para abastecer de telas a la población indígena, que rehuía las de origen español y como consecuencia de la carencia de artesanos libres.

Por lo que respecta al sistema de trabajo, los obrajes representaban sin duda uno de los puntos más negros dentro de la larga serie de abusos y vejámenes a que se vio sometida la población indígena. De las condiciones de trabajo en ellos existentes, baste decir que los propios indios las consideraban peores que la labor en las minas. Se laboraba en grandes galpones, malolientes y húmedos; los indios comían al pie de los propios telares y la jornada de trabajo se extendia hasta que la luz del dia lo hacia imposible.

Las normas que regulaban el trabajo eran muy duras, y ni siquiera podían conversar o reir. Unos vigilantes (mestizos o negros casi siempre) imponían con frecuencia castigos muy severos. Los indios estaban obligados a entregar cada fin de semana una determinada cantidad de varas tejidas, pero como muy pocas veces podían cumplir lo estipulado, los mitayos se veían obligados a aumentar su turno de trabajo. Los salarios eran ínfimos. En realidad, la situación del indio en los obrajes no difería mucho de la esclavitud.

Con este ritmo de trabajo, tan escasa alimentación y semejante hacinamiento, muchos forzosamente perecían debido a la tisis. 

La opresiva situación del indio en los obrajes determinó que en el año 1624 fueran suprimidos en el Virreinato de Nueva España. En el Perú, sin embargo se mantuvieron a pesar de las innumerables voces que, por muy distintas razones, pidieron su abolición.

Es comprensible, por tanto, que la supresión de estas manufacturas fuese una de las reivindicaciones esgrimidas por Tupac Amaru, si bien en menor medida que otros problemas: corregimientos y mita, más candentes en la zona central de la rebelión.

La labor mecanizada en una fundición minera, como la que reflejan las imágenes costumbristas de la crónica del libro Trujillo del Perú, sostenía el trabajo esclavizado de los negros

La búsqueda y explotación de metales preciosos se reveló, desde el primer momento de la presencia española en América, como una actividad trascendental para la conquista y colonización de nuevos territorios. Fue sobre todo el descubrimiento  en 1545 del impresionante depósito argentífero de Potosí lo que impulsó definitivamente el desarrollo económico del Perú. Miles de españoles se precipitaron hacia las sierras andinas al tener noticia del sensacional hallazgo. Lo cierto es que desde el momento mismo de su descubrimiento, el yacimiento potosino se convirtió en un recurso decisivo para las arcas de la monarquía.

El principal problema al que hubo que enfrentarse la minería potosina fue la mano de obra. Con los españoles, aparte de su escasa cuantía, era indudable que no podían contar; los negros no resistían el rigor del clima andino. Sólo restaban los indios, pero ¿cómo conseguir una afluencia masiva hacia las minas cuando era tan evidente su rechazo, justificado, hacia toda "colaboración" económica con los españoles?
Para lograrlo el virrey Toledo recurrió (1573) a una institución de origen incaico: la mita. Entre los incas la mita ("turno", "vez", en quechua) representaba un sistema de trabajo forzado que, en el período libre entre siembra y cosecha, obligaba a los miembros de las comunidades campesinas a realizar labores de interés estatal (construcción de caminos y puentes, obras de irrigación, etc.) Sobre este modelo Toledo estableció un sistema que garantizase la afluencia de operarios a las minas, especialmente a la del Potosí; la séptima parte de los varones comprendidos entre los 18 y 50 años tenía la obligación de acudir a trabajar a la mina por espacio de un año. La designación de los "mitayos" debía realizarse por sorteo. La cantidad total de operarios anuales (el "entero") se dividía en tres partes, cada una de las cualeshabía de trabajar una semana y descansar las dos siguientes.

El planteamiento funcional de la mita era impecable, pero los hechos se encargarían bien pronto de desmantelarlo. Casi desde el mismo instante  de su implantación, la mita (sobre todo la de Potosí) dio lugar a una inacabable serie de abusos y corruptelas que terminó dislocando la realidad socioeconómica de las regiones a ella sometidas.

En los pueblos obligados a mitar los indios ricos eludían la obligación pagando al cacique los pesos suficientes para que contratara a otro indio en su lugar, mientras los más pobres huían a otras zonas donde se transformaban en fuerza de trabajo no controlada de las propiedades agrícolas y ganaderas de particulares. No menos grave fue el problema de los "indios de faltriquera", aquellos que se repartían a personas carentes de minas o ingenios, quienes luego los alquilaban a los verdaderos mineros, obteniendo grandes beneficios.



Aunque la totalidad de los centros mineros habían sustituido la mita por el pago en metálico y contrataban indios voluntarios, la Corona se empeñó en mantener a toda costa el repartimiento forzoso de Potosí, en parte porque era la única forma de compensar los bajos rendimientos que se obtenían. Así la obligación de seguir cumpliendo con la mita siguió siendo una pesada carga para las comunidades indígenas, tanto si enviaban a sus miembros personalmente como si los redimían en metálico. No es de extrañar, por tanto,  que la abolición de la mita de Potosí fuese una de las reivindicaciones principales del programa revolucionario de José Gabriel Tupac Amaru.

Continuará...


1 comentario:

PRIMO dijo...

GRACIAS VIEJO X ESTE MATERIAL QUE SUBISTE, ESTOY INVESTIGANDO PARA PREPARAR UN PLAN DE CLASES PARA PIBES DE 2DO AÑO!!
ABRAZO DESDE ARGENTUNA